Autor Tema: El Gobierno Galáctico de Dennis Hope (y III)  (Leído 1078 veces)

Desconectado Saul Pinto


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Publicado en:
03 de Septiembre de 2010, 02:09:33 am


Si lo que os interesa, sin embargo, es haceros con una porción del Sol  (aunque jamás podréis poner los pies sobre vuestra parcela por razones obvias), entonces el asunto se complica. Hope no es el único propietario en este caso. Un tal Virgiliu Pop, investigador de la Universidad de Glasgow, también tiene bajo registro el astro rey. Su acción, tal y como señala en su blog, no era otra que dejar en evidencia lo ridículas que eran las aspiraciones soberanistas de Hope.

Al parecer, Pop envió una factura a Hope en la que le reclamaba 30 millones de dólares por usar su energía. Hope, sin perder la ironía que envuelve a todo su proyecto intergaláctico, le respondió con un escueto: “Hemos decidido no hacerla servir, por favor, apáguela”.

Antes de la idea de Hope, La Luna, además de haber servido de telón de fondo para los enamorados o de inspiración para los poetas, también sufrió el ansia de posesión de otro personaje.

Aunque en teoría la Luna pertenece a todos los habitantes de la Tierra (el Instituto Internacional de Derecho Espacial está trabajando para la ONU en un documento que pretende anular todas las compras de parcelas más allá de los límites de la Tierra), el primer listillo de la historia en considerarse legalmente dueño de la misma fue el abogado Jenaro Gajardo Vera, en 1953.

La inscribió en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca tras desembolsar 42 pesos chilenos de la época, un precio bastante asequible si hablamos de un satélite de ese tamaño. Al parecer, Gajardo Vera se hizo con la Luna simplemente porque fue rechazado al formar parte de un club social de Talca.



Y la gente se tomó lo suficientemente en serio sus documentos legales como para que el presidente Richard Nixon, antes del alunizaje del Apolo XI, en 1969, le hiciera llegar un telegrama que decía: “Solicito en nombre del pueblo de los Estados Unidos autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece”.

Por todos era conocido el poco sentido del humor que gastaba Nixon, así que hay que tomarse este comunicado como oficial. Gajardo Vera no tardó en responder al telegrama: “En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria”.

Suena delirante, pero habida cuenta de este intercambio de comunicados, quizá las primeras palabras de Armstrong al pisar la Luna hubieran tenido que ser algo parecido a: “Es un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad, gracias al permiso oficial de Jenaro Gajardo Vera, amo y señor de esta tierra”.

En 1998, Gajardo Vera falleció en el balneario Rocas de Santo Domingo, lugar próximo a Santiago de Chile. Nadie reclamó entonces la propiedad del satélite, lo que nos lleva a pensar que éste no constaba en su testamento y que Gajardo Vera, en efecto, jamás tuvo la intención de hacer negocio con la Luna, al contrario que Hope.


fuente: xataka ciencia
« última modificación: 19 de Noviembre de 2011, 14:55:26 pm por ErPo$$e »